Gracias, Ada García, por esta crónica

Entrada publicada el: 27 enero, 2020

Donde nace la niebla.

(Crónica de mi primer congreso).

Dicen que en lo más profundo del invierno la Reina de las nieves vuelve su gélida mirada hacia un lugar cercano a un río lento y torpón que se llama Pisuerga y es entonces cuando la niebla, suspira por que añora a su amado el Padre Invierno, que anda allá arriba entre auroras boreales y céfiros. Entonces de pura nostalgia su aliento de reina comienza a cubrir aquellas tierras. Es la niebla. Y como en el jardín del gigante, la enamorada Reina llama a su lado a sus hijos, el Viento del norte, la Escarcha y la Ventisca, para que dancen sin tregua por el mundo, blanqueando y helando caminos, bosques, ríos y fuentes, montañas, aldeas y ciudades.
Durante este helado y alado fin de semana en tierras del norte de Castilla, en Valladolid y Cabezón de Pisuerga, el frío y desaforado viento y el calor de los amigos, han caminado juntos de la mano. ¿Qué importa que haga cero grados si te reconfortan unas miradas y unas risas amables?
Madrid. Mañana de sábado. Salimos temprano Javier Arries y yo, hacia la estación de Chamartín bajo una luz terrosa y una antipática llovizna.
Yo me había pasado un mes, casi todas las navidades, enfrascada en la lectura de biografías de escritores tales como Sheridan Le Fanu, E.T.A Hoffman, Bécquer, Poe, así como en el estudio de lo que hicieron en el oscuro verano de 1816, en Villa Diodati, que es exactamente un fantasma, o de que va la leyenda japonesa de Okiku. Todo para dar mi primera ponencia en un congreso que se iba a celebrar en enero en una ciudad vallisoletana de la que nunca había oído hablar. Así que como ya faltaban solo unas horas para el evento, el tiempo es un jinete veloz e inagotable, conseguimos nuestro propósito de subirnos al tren de las 13 horas rumbo a Valladolid. Así que intentamos relajarnos viendo por las ventanillas como Madrid va quedando muy atrás, mientras se convierte en un cuadro borroso al que no le falta el contrapunto luminoso de un cielo más blanco que gris. El color del invierno. Pues eso, que en el tren: una señora que no puede viajar contra la marcha ya que se marea; otra señora a la que todo le hace desternillarse de risa y va el amabilísimo revisor y le dice “permítame que le de un beso”. Entonces la señora carcajeante va y dice: “¡Jajaja, es que los de Valladolid somos así…! «Pero la señora de la risa intensa que era de Valladolid, se baja en Segovia, y por fin puedo volver a concentrarme en mis fantasmas y mis libros. Mientras, Javier, a pesar de que él mismo iba a dar una ponencia sobre su último libro Magia y religión nórdicas, de que es profesor de aviesos adolescentes, y de que siempre anda sumergido en programas de radio, diferentes colaboraciones en prensa y otros apabullantes quehaceres, allí estaba él con sus enseñanzas a bordo sobre como manejar fotos en plan Power Point. Y así, al cabo de una hora nos plantamos en la estación de Valladolid, y Alberto Sanchez Velasco y Sonia Cano, organizadores del congreso, nos vienen a buscar. Nos vamos al hotel que es Imperial, y allí encontramos a Francisco Contreras Gil que es una mezcla de Indiana Jones, Peter Parker y Guillermo de Baskerville. Holas, besos y ¿qué tal?
Valladolid es una ciudad del frío norte peninsular y forma parte de Castilla-León, y es en estos lugares en donde nace la niebla. Arriba, cerca de la fantasmal frontera con León, esta tierra de caballeros y juglares, reyes beligerantes y castillos hechizados, existe una máquina invisible a ratos, y otras veces que se ve estupendamente como fabrica grumos y jirones de niebla, que se van extendiendo por los caminos, y que cuando la temperatura linda por debajo de cero, convierte la ciudad en un palacio de escarcha y bruma. El palacio de la Reina de las nieves, claro está.
Y Cabezón de Pisuerga un municipio de esos que puedes encontrarte aún con las estaciones del año lentas, diferentes, un verano largo y ardiente, una primavera jubilosa donde los campos estallan de vida y se puede subir a pie o en bici a cualquier parte; un otoño bellísimo color cuero viejo, vino tinto y gris ceniza, y por fin un invierno blanco y plata cubriendo el mundo. Y cuya máquina de fabricar niebla la han buscado muchos. Porque hay diferentes teorías al respecto: unos creen que es el aliento de la Reina, y otros que existe una máquina de fabricar niebla escondida en algún lugar lindando con Galicia. Creer es saber, y andar por aquí perdido en las arboledas por donde va transcurriendo soñadoramente el Pisuerga, el río que siempre sorprende porque piensas que va a ser menos, y es más, es caminar en sueños. Porque en sus alrededores es posible contemplar durante la noche de Todos los santos, siempre y cuando la niebla salga de ronda, al fantasma de José Zorrilla leyendo en voz alta aquello de…

“Llamé al cielo y no me oyó.
Más si sus puertas me cierra,
De mis pasos en la Tierra,
Responda el cielo, no yo.”

…para nunca olvidar quién fue. Y por la casa-museo que podemos visitar en Valladolid flotan sus días de la infancia. Aunque solo unos pocos afortunados pueden verlos. Zorrilla, chimeneas, caballeros y convidados de piedra, muros y ojivas donde bate los vientos del norte, bocas de ogros tenebrosos… y la niebla.
Ahora almorzamos en un lugar tranquilo y con espacios azules y desahogados, y yo como tengo que hablar ante un público en un par de horas, casi no hago más que escuchar a hablar a los amigos, Marta, Javier, Alberto, Fran, y ya nos vamos para el congreso después del postre y el café.
Es ya una tarde muy lluviosa, y saludamos a amigos que queremos mucho, echamos de menos, y odio despedirme de ellos: Ahí está Nieves Álvarez con un ejemplar de RADIO ZOMBI para que se lo firme y se lo firmo y dedico con cariño y ganas. Y también Itziar Morago su hermana Diana, Pedro, Santi, Poppy… ¡Menuda felicidad me da veros, chicos!
Y entonces aaggg va Fran y me saca al ruedo antes de que empiece todo, cuando la sala se va llenando y llenando –y la sala terminó a rebosar de gente-, me presenta, y pide al querido público que sea paciente y cariñoso con esta chica que es nada más y nada menos que la presentadora y directora de un programa tan loco como legendario como fue nuestro Tiempo de hadas, Y allí todo o casi todo lo que puede ocurrir en el loco mundo de al otro lado del espejo puede ocurre…
-Es que es su primera vez, así que por favor os pido un fuerte aplauso para arroparla.
-¡Plasplosplas!
-Gracias Fran. Amigos míos, sabed que os quiero.
Fran es el novio de Marta. Marta es una chica guapísima, encantadora y que me encanta como viste. Siempre la echamos de menos, Marta tiene a su madre y su tía que son maravillosas y que en el congreso de Zamora a nosotros a José Manuel Morales nos trataron como a familia más que a ponentes. Os mando besos y espero que pronto nos volvamos a ver, por favor.
Abre el II Congreso de Cabezón de Pisuerga Laura que nos habla de Reiki y de afinidades y sintonizaciones emocionales y temporales, y sale a relucir un libro que yo adoro y es Alicia en el País de las maravillas de Lewis Carroll. Cuando Laura termina su ponencia, Alberto dice que salga yo cuando quiera, pero Javier me comenta que mejor lo haga ya. Y como estoy nerviosita perdida, porque tengo tendencia a enrollarme y abrir paréntesis y paréntesis, como dice mi hijo Tony, pues me conozco y sé que lo haré tipo Tiempo de Hadas llamado a Fernando Pérez, Pedro Fernández, y a Pepe Zaragoza, Zarzaparrila Fernández. Pero me siento, acerco el micro, veo a Javier. Me sonríe. Y es una sensacional sonrisa en plan “que la fuerza te acompañe”. Y, creedme que sí, que la Fuerza me acompaña. Y al hablar de Plauto, de casas encantadas, el triste fantasma de Okiku, de Hoffman y Polidori, Byron, Mary Shelley y Percy B. Shelley, y el verano que no fue, si no entre tormentas, nieblas -de nuevo la niebla-, y aparecidos y brujas, vampiros, Sheridan Le Fenu, Pedro Antonio de Alarcón, Bécquer, Poe y Lovecraft y Cortázar, digo adiós. Ah, perdón, gazapo: donde dije Bela Lugosi debí decir Boris Karloff. Si, gazapo genuinamente Tiempo de hadas.
Gracias señoras y señores, por escuchar mis historias sin pirarse a la cafetería de abajo.

Por fin llega el Momento Javier Arries. Y Javier, ese mago, ese lobo marino, ese rey arcaico y portentoso, nos habla de las temibles hordas de los hombres del Norte (líbranos señor) y de cómo estos habitantes de Dinamarca, Suecia o Noruega con sus sagas y sus chamanes, con sus drakkars, sus espadas cortas al grito de “por Odín y el sagrado mjolnir de Thor”, asolaron muchas ciudades europeas al principio del primer milenio. Hasta llegaron a los territorios que hoy son Nueva Inglaterra, llamándolos con el baconiano nombre de Vinland, la Tierra del vino.

“Toma lo negro sobre lo azul,
Toma lo azul sobre lo blanco
Toma lo blanco sobre una piedra sujeta al suelo
En el nombre de Thor, Odín y Frigga”:

Y así de esta poética manera, siguiendo siempre la lectura del último libro de Javier Arries, Magia y Religión nórdicas, podrás quitarte lo que sea que te moleste en los ojos. Y como Javier tiene la cualidad de hechizar y encantar a quien le escucha, de forma que, de pronto estamos en sombríos bosques septentrionales de Europa y es posible oír aullar a los lobos. Y es posible hallar runas y hasta contemplar auroras boreales, o navegar en un dragón hacia las nieves eternas… todo puede ser mientras su voz nos embruja. Pero Javier calla al final, y volvemos otra vez al lugar en donde nace la niebla. La niebla helada que es el aliento de la Reina de las nieves, sus cabellos y hasta su perfume. Y Javier frente a mi dice maravillosas cosas que no sabéis pero yo si, se van convirtiendo en pájaros y en donde no hay pájaros en invierno, hay palabras de Javier. Y Javier al final calla y entonces volvemos a estar todos de nuevo en Cabezón de Pisuerga.

Fran Contreras cierra el congreso, que es un viajero empedernido, y como muy bien dijo Aragorn hijo de Arathon:

“Dejad lo que no sea imprescindible, viajaremos de día, dormiremos de noche… vamos a cazar orcos”.

Y os juro que Fran más de una vez ha tenido que enfrentarse a los orcos. Pues así mientras le escuchamos, y yo adoro esa forma de contarnos viajes, y viajamos con él. Y visitamos China, por ejemplo, y hacemos el Camino; y después nos habla de Argantonio y los misteriosos tartessos, quizá los verdaderos atlantes… yo me embobo mientras la noche cae a plomo sobre el mundo y al salir un frío muy grande nos saluda. Pero sabed que es la noche, La Noche. Oscuras aves revolotean donde nadie puede verlas. Solo oír su rápido batir de alas. Y es allí en ese territorio de tinieblas y luces lejanas, donde habitan los seres en los que muchos no creen. Esos que afloran tras el tronco de un castaño tapizado de musgo, el terciopelo de las hadas y los gnomos. Esos que sin saberlo tú, te espían y te rodean. Y huyen lo más que pueden porque los humanos no son para nada de su agrado. Aunque a veces, como suele ocurrir en estos casos, un humano se queda prendido de un hada y no puede quitarle los ojos de encima. Y es un amor extraño, tormentoso y eterno.

El frío arrecia y nos vamos todos a cenar a una cueva verdadera en donde hay un restaurante llamado El Ciervo, recordadlo si visitáis Cabezón de Pisuerga, que tiene dos chimeneas y donde se está requetebién, con amigos, risas y vino. ¿Y cómo es por ventura, ese lugar? Os preguntaréis. Pues es todo llano, aunque hay algunos montes levantándose del suelo no demasiado alto. Pero son piedras azules, y arboledas de chopos, castaños, robles, crecen al pie de las colinas y sobre ellas. Y estamos cerca de Galicia, y Galicia trae el aire henchido de humedad del Atlántico, y además los gigantes trabajan a destajo en la fábrica de hacer niebla, día y noche. Allí formando nubes con una formula mil veces milenaria que solo ellos conocen, pero que tal vez lleve aire del mar, suspiros de golondrinas, plumas de cigüeña, lágrimas de dragón, sueño de hadas, polvo de cometa, luz de plata y blancura de la espuma de la mar, entre cien ingredientes secretos y fantásticos mas. Los gigantes dejan salir de vez en cuando jirones y van poco a poco cubriendo la tierra y el cielo. Y entonces la hermana Escarcha baila con sus zapatillas de hielo sobre la tenue niebla que se congela y hiere de frío. Las ciudades, los caminos, las casas, farolas, ventanas y tejados, la luz del sol que se fue, todo se sumerge en esta niebla que huele a montaña. Cuenta una leyenda de brujas y druidas que dentro de la niebla existe un castillo de hielo que es en donde vive la Reina de las nieves. Si no me creéis id a buscarlo. Esta allí en lo más profundo de las montañas y la niebla para quien sepa encontrarlo.
Al día siguiente luce el sol sobre un azul perfecto, pero el viento es tal como si las gélidas flechas de un millar de arqueros hubiesen sido disparadas. Aún en el Hotel Javier me hace subir dos veces a buscar la tarjeta llave y que aunque yo le digo que no, y que no, el me dice que sí y que sí, aunque yo sé perfectamente que la llave tarjeta es mía. Apunte hecho con toda la razón del mundo y estratosfera. Prosigo. En la calle el viento que corta la piel, viento que abruma y que hasta las viejísimas piedras del monasterio cisterciense de Santa María de Palazuelos, y sus descarnados durmientes, se estremecían bajo las heladas ráfagas. Nos vamos toda la peña, Sonia, Marta, Javier, Alberto, Fran, Sergio, (the Mayor of the city) los encantadores amigos de Marta y Fran a ver un convento abandonado a su suerte durante muchos años, hasta que a alguna alma caritativa y con las neuronas en forma se le ocurre que eso es poco menos que un crimen y que esa maravilla del románico gótico debe ser protegida. Así nos abre Sergio ya que solo se puede entrar privadamente, y mientras las flechas heladas de los arqueros de aire amenazan con abatirnos, nos refugiamos en esa maravilla que es este monasterio cisterciense a pocos kilómetros del pueblo.

“Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado. Bendito el hombre que respete estas piedras y maldito el que remueva mis huesos”.
Parecen decir, parafraseando la inscripción sobre la tumba de William Shakespeare, estas piedras, esa sacristía. Era aquí, en los monasterios en donde durante la Edad Media donde se escribían y copiaban códices, libros, ilustrados fantásticamente. El saber y la oración, y no las armas, ni la guerra, construyeron estos muros, estas ojivas, cúpulas y rosetones.

.» La raíz de la libertad se encuentra en la razón. No hay libertad si no en la verdad”.

Decía santo Tomás de Aquino. Pero ahora muchos siglos después todo es polvo y ruina. Medio techo del monasterio está apuntalado y construido con madera, aunque y a mi así también me gusta. Mejor que dejar que se pudra de asco bajo el viento, el sol y la lluvia y las pintadas de los imbéciles en las pinturas de los muros. Milagrosamente bien conservadas. Las excavaciones, me va explicando Sonia, que hasta hace muy poco aún estaban las abandonadas osamentas a la vista. Alberto me muestra en interior y no, gracias desde luego, ya no pueden verse ni huesos ni nada, porque lo han vuelto a cubrir respetuosamente con tierra. Mucho mejor. Fran y Javier van haciendo sus fotos y sus reportajes, y yo me pierdo, me encanta perderme por esos lugares y descubrir cosas… Alberto me da un pequeño susto cuando, antes de encender Sergio, alcalde de la ciudad, las luces de la sacristía, mientras el horrible viento amenaza con derribar esta inmensa nave de piedra, siglos de pisadas, siglos de embestidas, siglos de rezar a dioses y santos que duermen con los ojos abiertos. Ojos de piedra, claro. Alberto me explica que debajo de casi todo el suelo que pisamos, está lleno de sepulturas. Todo el monasterio. Y yo que no quiero pisar, y que me muero por subir arriba. ¿Qué habrá?
Nos tenemos que marchar y salimos de nuevo al vendaval de flechas gélidas que lejos de amainar, azota con, más bríos si cabe que antes. Besos, despedidas, odio las despedidas, ultimas fotos y coches en marcha.
Nos despedimos en Valladolid ya, de Sonia y Alberto, gracias por organizar eventos que aúnen solidaridad para personas necesitadas y cultura. Yo lo encuentro maravillosos. Gracias otra vez.
Javier y yo comemos en un lugar confortable unos montaditos buenísimos y el vino rosado calienta mis manos y mi cara, porque no tienen café y hace muchísimo frío. Más tarde se nos unen nuestros queridos Itzi, Poppy, Diana y Pedro y pasamos el resto de la tarde del domingo congelado de viento huracanado, y congelado entre más risas, Rua vieja, té, café y más cosas. Entonces cuando casi ya es hora de volver a Madrid, (snif, snif) Itzi, Poppy y yo vamos delante a atacar una Domino Pizza y ellos me van contando cosas sobre la niebla mágica y la escarcha de Valladolid. Y gracias a esos maravillosos apuntes puedo escribir este texto. Es ya hora de irse y el tren para Madrid viene con retraso. Pero odio las despedidas. Os ha salido un congreso genial chicos de Oculus Nebula .Gracias por todo.

Madrid, enero, 2020

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